
El término corazón del hombre y las ilustraciones de este tratado se refieren a lo que controla nuestros pensamientos y acciones. Esto es lo que verdaderamente somos por dentro. Dios ve el corazón, y nada se puede ocultar. “La gente se fija en las apariencias, pero yo [Dios] me fijo en el corazón” (1 Samuel 16:7).
El corazón es la fuente de todas las acciones que haces. Si el corazón es limpio, entonces las acciones serán buenas. Si el corazón es malvado, entonces las acciones también serán malas.
Hoy en día hay muchas personas con corazones atribulados. Dios es el remedio. Te ama y quiere vivir en tu corazón. Él es el único que puede hacer un cambio duradero en ti.
EL CORAZÓN DEL PECADOR

Satanás gobierna este corazón. Domina el pecador con espíritus malignos. Los animales de la ilustración representan a algunos de los espíritus malignos que controlan el corazón del pecador. El pecado es cualquier hecho que va en contra de Dios. Todos los pecados profanan el corazón del hombre.
La serpiente es un ejemplo de deshonestidad. Este espíritu se engaña y evita la verdad porque no quiere enfrentarse a los hechos. Justifica sus errores con excusas.
El cocodrilo es un ejemplo de codicia. Levanta su cabeza grotesca, mirando las pertenencias de otros y codiciándolas. La codicia impulsa al pecador a buscar riquezas, aun por métodos ilegales o inmorales.
El león es un ejemplo de ira, odio y pleito. Este espíritu es vengativo, discutidor y cruel. El corazón puede contener a este espíritu maligno durante un tiempo, pero la crueldad y la ira acabarán saliendo a la luz.
El perro es un ejemplo de inmoralidad y lujuria. Estos espíritus controlan los pensamientos y hechos. Jesús dijo que incluso si un hombre mira a una mujer lujuriosamente ha cometido adulterio en su corazón. (Mateo 5:28). Los libros, videos y pornografía alimentan el corazón lujurioso.
El cerdo es un ejemplo de borrachera, glotonería e inmundicia. Este corazón es desmedido y nunca se satisface. La embriaguez es vergonzosa y trae muchos otros pecados. Glotonería se nombra en la ley del Antiguo Testamento con pecados graves. (Deuteronomio 21:18-21). Este corazón también suele ser desagradable y maleducado.
La araña es un ejemplo de los vicios de fumar y endrogarse. La gente prueba estos males, pensando que podrán dejarlos en cualquier momento. Pronto, se quedan atrapados justo como una araña atrapa insectos en su telaraña. Estos vicios profanan el cuerpo, que es el templo de Dios. (1 Corintios 3:16-17).
La tortuga es un ejemplo de pereza y procrastinación. Este espíritu hace que uno evite la responsabilidad por sus pecados, y pospone tratar con ellos hasta que es demasiado tarde.
El murciélago es un ejemplo de temor y hechicería. Estos son poderes que obran bajo la oscuridad, tal como los murciélagos que cazan de noche. Muchas personas se envuelven en brujería y la magia negra por temor. Pero, estas son obras satánicas, y Dios aborrece lo que pertenece a Satanás. (Isaías 47:12-15).
El pavo real es un ejemplo de soberbia. La soberbia es un orgullo incontenible. Se conoce por ser vanidoso, ostentoso y egoísta. Le importa poco la vida y los sentimientos de los demás. Este corazón se enaltece por su vestido, sus pertenencias o su belleza natural. Anhela autoridad y respeto. “Quien teme al Señor aborrece lo malo; yo aborrezco el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso” (Proverbios 8:13).
“Tras el orgullo viene la destrucción; tras la altanería, el fracaso” (Proverbios 16:18).
La conciencia condena este corazón. Así es como Dios recuerda a la humanidad que el juicio le espera. En este corazón está lleno de perturbación y caos.
¡Oh, corazón afligido, Dios te está llamando!
EL CORAZÓN ARREPENTIDO
Aquí vemos la luz de la Palabra de Dios brillando hacia el corazón. Esta luz juzga el pecado, pero, también ofrece un remedio. Por la gracia de Dios, recibe luz y entendimiento para reconocer sus pecados y aceptar la Palabra de Dios. La responsabilidad del pecador es confesar todos sus pecados a Dios. Si hace esto, habrá abierto todas las ventanas de su corazón, y la luz brillará por todas partes.
Esta iluminación de la Palabra de Dios ahuyenta a Satanás y a los espíritus malignos. Ellos resisten la autoridad del Espíritu Santo. Intentan ocultar muchos pecados de los ojos de Dios.
Este pecador empieza a responder al llamado de Dios. El remordimiento llena su corazón al reconocer que está perdido y que no puede borrar sus propios pecados. El Espíritu Santo le invita a acercarse al Salvador de corazones apenados. Jesús murió en la cruz para pagar la deuda del pecado, y extiende el don de salvación a toda la humanidad.
El pecador ha empezado a orar de lo más profundo de su corazón. Clama: “¡Oh, Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” (Lucas 18:13). Sus oraciones ascienden al cielo. Dios ya ha visto esta condición; él está escuchando y responderá. La respuesta de Dios es perdón total. La paz inunda este corazón y la condena desaparece.
Las cadenas de Satanás se han rotado; el Espíritu Santo entra y cambia este corazón indiscutiblemente. “Les daré un nuevo corazón y derramaré un espíritu nuevo entre ustedes; quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen y les pondré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).
NUEVO CORAZÓN
Ahora, el pecador ha recibido un corazón nuevo y vive en paz. “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17).
La soberbia y el egoísmo han sido intercambiados por humildad y amor. Se goza de una nueva vida en Cristo. El deseo de su corazón es agradar a Dios y vivir para Jesús.
Así como un pastor guía a sus ovejas, el nuevo corazón es conducido a verdes pastos y junto a aguas tranquilas. (Salmo 23). Le encanta estar cerca del gran Pastor. Se alimenta de la Palabra de Dios, y la comparta con el prójimo. Esta conexión con Jesús satisface más que cualquier otra cosa.
La paloma blanca de la ilustración representa el Espíritu Santo que mora en este corazón para guiarlo. El Espíritu Santo trae buenos frutos como amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad y dominio propio. El autocontrol se muestra claramente en este corazón. (Gálatas 5:22-23). El Espíritu Santo le guía a reconciliarse con cualquier persona que haya herido y le guía en todas las decisiones de la vida.
Este corazón busca la comunión con otros hijos de Dios. Desea estar con otros creyentes que viven las enseñanzas bíblicas sin reserva. (1 Corintios 1:10). Tiene victoria sobre el pecado, y glorifica a Dios. (1 Tesalonicenses 2:12).
Camina con paciencia, mirando a Jesús, el autor y consumador de su fe. (Hebreos 12:2). Ha aprendido a observar y orar, sabiendo que Satanás le tentará de nuevo. Pero el cristiano tiene protección por medio del poder de Dios.
EL CORAZÓN RETROCEDIDO
Es trágico ver un corazón retrocedido. Este corazón conoce a Dios, pero Satanás le engaña con negligencia y pecado. El buen fruto del Espíritu empieza a desaparecer. Los espíritus malvados están regresando. Este corazón empieza a alejarse del Salvador y está dejando atrás las promesas eternas de Dios.
La obediencia y vigilancia diarias habrían mantenido a este cristiano victorioso en su vida espiritual. Pero a través del descuido, Satanás ha sacudido a este cristiano para que se duerma espiritualmente con la intención de que nunca vuelva a despertar.
Quizá este corazón parece que sigue sirviendo a Dios. Asiste a la iglesia, pero sus oraciones son vacías y sus testimonios falsos. Falsos pastores y profetas le engañan aún más con enseñanzas que le consuelen su estado decaído.
La conciencia, que antes estaba limpia, ha sido ignorada y su voz rara vez se escucha ya. Se hace amigo de gente impía. Quejas, celos, rencores y muchos otros pecados controlan de nuevo sus pensamientos, confirmando que Satanás ha recuperado el control de este corazón.
Ya no quiere abnegarse, y los caminos de Dios le parecen muy restrictivos. Aunque Dios le pide regresar, el pecador sigue poniendo excusas. ¡Qué lamentable es esta condición!
Jesús está triste. Quiere que el pecador regrese a él. “Que abandone el malvado su camino y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar y de él recibirá compasión” (Isaías 55:7).
EL FIN DEL CORAZÓN DEL PECADOR

Al fin, el pecado llega a su lecho de muerte. Su cuerpo está adolorido y su corazón atemorizado. Las riquezas que acumuló en su vida ya no le parecen importantes. Sus amigos impíos no se ven por ninguna parte. Jamás escuchará la invitación de Dios. El tiempo de gracia se acabó.
Es algo terrible ver un pecador a la puerta de la muerte. No hay esperanza, ni salvador, ni luz, solo hay oscuridad y desesperación. Solo le espera angustia eterna y un horno de fuego. “Los arrojarán al horno encendido, donde habrá llanto y crujir de dientes” (Mateo 13:42). Esta es la condena de todos los pecadores impenitentes; igual los que nunca hayan conocido a Dios o el cristiano retrocedido que abandonó su primer amor.
EL CORAZÓN FIEL RECIBE SU RECOMPENSA
El corazón fiel es victorioso. Jesús ha guiado a este corazón hacia verdes pastos y junto a aguas tranquilas. Muchas veces, cuando se veía atormentado por la aflicción y las pruebas, ha sido llevado de nuevo a la quietud de este lugar. Y allí, su alma fue restaurada. (Salmo 23).
La paz que tuvo en su vida continúa hasta el fin de su vida terrenal. Al despedirse de sus queridos, su testimonio es que espera una recompensa eterna. Él ha puesto su fe en el Hijo de Dios. Jesús llevará su alma al cielo.
Por fe, el cristiano puede ver el cielo, la hermosa ciudad que Dios ha preparado para los fieles. Pablo testifica: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me otorgará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida” (2 Timoteo 4:7-8).
INVITACIÓN
El apóstol Juan dijo: “Después de esto miré y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas; era tan grande que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y del Cordero, vestidos de ropas blancas y con ramas de palma en la mano. Proclamaban a gran voz:
—¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero!” (Apocalipsis 7:9-10).
¿Deseas ser parte de aquella multitud? Jesús te llama: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso” (Mateo 11:28).