SOLO HAY DOS DESTINOS
En el día de juicio no habrá más que dos clases de personas. “Los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29).
¿Adónde irán las almas perdidas después de oír al gran Juez pronunciar su sentencia de culpabilidad? “Nunca os conocí; apartaos de mí” (Mateo 7:23). Cuando los ojos justos del Rey penetren el culpable y ninguna excusa resulte válida, ¿qué sucederá? Cuando se abra el libro de la vida y su nombre no aparezca en él, ¿qué pasará entonces?
UNA ILUSTRACIÓN DEL INFIERNO
A corta distancia al sur de Jerusalén hay un arroyo profundo que traspasa el paisaje. Durante los reinados de Acaz y de Manasés, ocuparon este valle como un lugar de adoración depravada que no se pueda imaginar. Allí los seguidores de Moloc echaron sus hijos vivos a los brazos candentes de un ídolo inmenso de bronce. En seguida cantaban y bailaban para extinguir el clamor angustiado de sus hijos mientras quemaban. Los hebreos llamaban el lugar el Valle de Hinom. En griego el nombre de este lugar es traducido Gehena.
En el tiempo de la vida de Cristo sobre la tierra, los judíos ocupaban el valle como lugar para depositar a los desechos. Además, en él echaron animales muertos, así como también los cuerpos de personas marginadas y reos ejecutados. Allí el aire se mantenía contaminado. El fuego quemaba día y noche. La mancha del humo nunca desaparecía del cielo.
Este valle infame nos provee un ejemplo vivo de la condenación del infierno. “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno [o el fuego de Gehena], preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). Era fácil para los que escuchaban las palabras de Jesús imaginar un lugar intolerablemente horroroso donde uno quemaría para siempre. La verdad de un castigo eterno después del juicio final es una verdad bien establecida en la Biblia.
¿CÓMO SERÁ EL INFIERNO?
Sus terrores no pueden ser comprendidos. Sin embargo, las Sagradas Escrituras nos proveen de algunas comparaciones: un fuego consumidor, un fuego que nunca se apagará, las tinieblas de afuera, el castigo eterno, el tormento y el lago de fuego.
Sin duda, algunos de estos versículos son simbólicos de una consciencia que molesta incontrolablemente, una vergüenza ardorosa y memorias sofocantes. Estos consumen y no pueden ser apagados. Aun así, el fuego se menciona tan frecuentemente, y tan enfáticamente, que no podemos negar que existe un infierno con fuego literal. La Biblia declara que el llanto y el crujir de dientes serán una realidad.
En el día de juicio los perdidos se levantarán a “resurrección de condenación” (Juan 5:29). En la resurrección los perdidos tendrán un cuerpo inmortal que siente y experimenta constantemente el aguijón de la muerte, pero que nunca muere.
El infierno será un lugar de recordar todo. Cuando el hombre rico abrió sus ojos en el infierno en la historia del hombre rico y Lázaro, le fue dicho, “Hijo acuérdate” (Lucas 16:19-31). En el día de juicio cuando el Señor dice, “Hijo acuérdate”, será imposible olvidar. Como olas incontenibles, memorias de todas las oportunidades de ser salvo, oportunidades de arrepentirse, la gracia que desperdiciaron y aún más, hundirán a los perdidos. Recordarán todo que amaban en la vida: las posesiones, la fama, los pasatiempos y el ego. Pero esas mismas cosas les afligirán. Para siempre vendrán a la memoria todos los pensamientos malos, los pecados cometidos en secreto y las mentiras. Junto con la imposibilidad de olvidar vendrá el clamor más amargo: “Si tan solo hubiera amado al Señor.”
El infierno será un lugar de culpa y de vergüenza. El profeta Daniel escribió: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2). Cuando Dios dará la sentencia eterna en el día de juicio, caerá como una gran piedra sobre los condenados y estarán arrojados al lago de fuego.
El infierno será un lugar que no ofrece descanso. “Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11). En este mundo los que sufren dolor siempre encuentran momentos de descanso. Aun algunos que son torturados al fin desmayan y experimentan tiempos de descanso. Al fin, la muerte les trae un alivio. Pero en el infierno no habrá alivio. El tormento les caerá en abundancia perpetua. Los perdidos clamarán por el alivio, pero sus clamores no serán oídos. Los perdidos crujirán los dientes para siempre mientras buscan un momento de alivio, pero no lo encontrarán. (Mateo 22:13).
El infierno será un lugar completamente sin esperanza. La desesperación de los perdidos les agobiará, sabiendo que no habrá ni siquiera un rayo de esperanza ni oportunidad de escapar. Serán un pueblo olvidado en un lugar olvidado. La condenación será completa cuando Dios dará la espalda a esas almas.
En el infierno no habrá misericordia, ni amor, ni hechos de bondad ni nada de gracia. El odio reinará supremo. El remordimiento angustiador y la tristeza, los ruegos y las súplicas quedarán sin respuesta. Ninguno escuchará, además ninguno tendrá cuidado.
El infierno será un lugar de oscuridad completa. La Biblia lo llama así, “la oscuridad de las tinieblas” (Judas 13). Con la oscuridad viene el temor, el mal, el diablo, los demonios y la muerte. El infierno incluye todo esto, y el infierno es para siempre.
El tormento y el lloro seguirán, y siempre los que mueren vivirán eternamente. Frente a estas verdades llegamos al límite de nuestra comprensión. Y posiblemente debe ser así, ya que el infierno no fue preparado para los hijos de Dios. Fue preparado para el diablo y sus ángeles.
NUESTRA ELECCIÓN
La Biblia indica claramente que aquellos que no obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, “los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre” (Apocalipsis 21:8).
Hoy estamos sirviendo a uno de dos amos. Uno, el Padre Celestial, es amoroso y justo. El otro, Satanás, es sumamente malo. Queda sin duda que el maestro a quien servimos en vida será él con quien estaremos por la eternidad. Cuando el juicio final revela a quién hemos servido, ¿a cuál lado estaremos?
Dios no puede salvar a aquellos que rehúsen servirle. Sin embargo, él estará completamente justo. Ninguno irá al infierno injustamente. Dios no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Dios nos llama y nos invita a escoger su reino, para estar a su lado. Nos invita venir a él para salvarnos porque nos ama.
Los que irán al infierno, irán allí a causa de sus propios intereses y las decisiones que hicieron en vida. ¿Seremos de aquellos que escucharán la declaración, “Nunca os conocí; apartaos de mí”, u oiremos las palabras benditas, “Venid, benditos de mi Padre?” (Mateo 25:34).
¡SE PUEDE ESCAPAR!
Jesús ha abierto un camino para que podamos escapar de los horrores del infierno. Él vino a la tierra y murió para pagar por nuestros pecados. Si creemos en él y nos arrepentimos, seremos perdonados. Él nos invita, y promete: “al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). ¡VEN A JESÚS HOY!